// Somos La Vanguardia Iluminada Vs La Oligofrenia Progresista //

jueves, abril 10, 2008

Los curdas aman a Val Lewton


Sala 7 en el Hoyst de Abasto. Voy a ver Val Lewton: The man in the shadows y me encuentro con dos borrachines. Venden cerveza para llevar al cine y a algunos se les va la mano.
Primero pensé que muy poca gente iba a ver un documental sobre Val Lewton, el productor de Clase B de la RKO pero con calidad de Primera A. Seguramente, lo más interesante es la primer hora del film, que condensa sus producciones más famosas. Un testimonio hace referencia a la fusión perfecta de Lewton y el director Jacques Tourneur. Imágenes de archivo del mismo Tourneur, en sus propias palabras, refieren a la posibilidad de hacer terror sin mostrar la fuente de este. Este trabajo del crítico, y ahora realizador, Kent Jones quita la fuente misma de su trabajo. Los datos sobre Lewton son pocos, no hay material de él mismo filmado, y sólo hay una referencia a su crianza entre mujeres y las que habitan sus films. Su angustia, sus obsesiones, la guerra y la soledad de la niñez. Tal vez, el mayor acierto sea reconstuir una vida rodeando su propio objeto de estudio. Una biografía hecha con el fuera de campo, de una vida tan corta. También es una pequeña reflexión sobre lo que significa Clase B, que no necesariamente es lo berreta y hecho a las apuradas, a modo de guiño; puede ser una mayor atención a pequeños detalles aleatorios, fragmentos de vida que las producciones mayores, por su propia dinámica, no pueden destacar.
No se cuanta gente fue a ver el film de Jones conociendo la obra de Lewton, que, según el documental, casi dirigía las películas desde la reescritura de los guiones. Algunos irían por curiosidad. Lo más increíble fueron los dos borrachines de la primera fila. Había un grupete de amigos cerveceros, entre los que se destacaba una parejita que, a medida que avanzaba el metraje, fue subiendo en sus niveles etílicos. Es lo más raro que he visto. Si alguien se quiere emborrachar en un lugar que no sea un bar o en su propia casa suele hacerlo en un parque, por ejemplo. Pero meterse a ver un film sobre un productor de Clase B para ese fin es algo insólito. Tal vez querían acompañar el ambiente hipnótico de las producciones de Lewton con un buen pedo.
La cuestión es que la chica se reía por lo bajo. Salían de la sala, volvían a entrar, traían más botellas. Al final ninguno veía la película. ¿Sabrían quien era Val Lewton? ¿Le regalaron la entrada y no encontraron mejor lugar donde emborracharse? A lo mejor era ese tipo de cinéfilos que les gusta ver cualquier cosa que tenga la palabra "Terror" porque suponen que es berreta y hecho para burlarse. Voy a hacer una marcha de desagravio a este gran productor y al mítico estudio RKO, luego llamado Desilú.
Hace cuatro años advertía sobre la presencia de una especie de Giselle Rimolo con pase gratis que se sentaba en las primeras filas, preguntaba boludeces, comía Bon-o-Bon a mansalva y haciendo ruido, y lucía unas espeluznantes operaciones faciales. Este año advierto sobre esto dos jóvenes descarriados, sexualmente activos, borrachos y dispuestos a hacer de las suyas en el Bafici, o, por lo menos, en las secciones paralelas a las que yo asisto. Y también se sientan en primera fila. La oscuridad de la sala juega malas pasadas, pero podría decir que el chico era morocho con aspecto turco y la chica peinada como la famosa floguera Tiny.
El que haya visto, oído u olido a esos dos beodos, que preste testimonio.

DEMENTED FOREVER!

DEMENTED FOREVER!

Estos nos ven

Archivo del blog